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Postales del Sur: Cine Coreano Contemporaneo

Podría escribir estas páginas sentado en una butaca de cine y no estaría fuera de lugar. Durante un festival, las salas en las que las películas cobran vida se convierten en el hábitat natural de todos aquellos que disfrutamos de la magia del séptimo arte. En esta oportunidad no hablo de un Festival común y corriente, sino que me refiero a aquel que se celebra en mi ciudad, nota particular que tiñe todo comentario con un toque extra de subjetividad. Asumiré las siguientes líneas como una descontracturada crónica con la que conocerán un poco más del cine coreano contemporáneo.

Comenzar por el principio es una costumbre arraigada durante siglos y no voy a ser yo quien los aparte de esa sencilla norma. Preciso es entonces compartir con ustedes una breve reseña a modo de introducción sobre el evento que se extendió del 17 al 25 de noviembre en la ciudad de Mar del Plata, Argentina:

“Único festival latinoamericano calificado por la FIAPF como categoría “A” , el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata fue concebido en 1954 frente a la necesidad de reflejar el universo del cine argentino, así como también el de la cinematografía mundial. Año tras año, el Festival se ha consolidado como una muestra fundamental del desarrollo e intercambio de la industria cinematográfica y de las artes audiovisuales. El Festival es hoy una cita obligada para realizadores, actores, productores, distribuidores y cinéfilos.”

Ubicados ya en tiempo y espacio, los invito a que me acompañen a transitar las salas de cine para compartir así mis días en este evento. El preámbulo de nuestra aventura cinéfila debemos señalarlo semanas antes del inicio, con la publicación de la programación. Confieso que siempre espero con ansiedad el momento en el que se conocen las películas que van ser proyectadas, pues más allá de que disfruto del cine de todo el mundo, la oferta cinematográfica de Japón y Corea ocupan un lugar privilegiado en mi taquilla personal. Tiempo atrás, cuando era más chico y recien salía de la escuela secundaria (dazed and confused, quizás…) pensaba que mi gusto por el cine de la Península obedecía a una cuestión de moda o tendencia; algo que quizás a muchos de ustedes les pasó con el K-Pop o el J-Pop. Pasado el tiempo estoy convencido de que mi afición por ese cine no es un simple capricho, sino que lo disfruto más allá de cualquier imposición de mercado, agenda festivalera o tendencia hipstérica. Descubrir que en esta edición del Festival iba a haber una sección exclusivamente dedicada al cine coreano resultó una sorpresa más que agradable. Intenten imaginar la cara de emoción de su ídolo favorito, añádanle un toque de desequilibrio y ahí tendrán un fiel reflejo de mi expresión en ese momento.

Peligrosamente excitado: Dadas las circunstancias, ustedes fieles lectores me darán permiso para construir un artículo caótico. Reflexionaba hace unos minutos con unos amigos sobre el carácter descontracturado del cine. No me gustan las ataduras y considero que un caos controlado es una opción equilibrada para tratar temáticas como estas.

Sábado por la tarde, día 1 del Festival, y la primera película ya marcada en el pequeño librito donde la programación espera por ser leída. Poner demasiadas expectativas en una película siempre es algo arriesgado, ya que la misma puede no estar a la altura de las circunstancias. No fue así con Dangerously Excited. Divertido fue desde el comienzo intentar reproducir con mi falluto ingles la primera palabra del titulo, intentando que el micrófono de la boletería captara de manera eficiente mi deseo. Pequeña advertencia antes de continuar: pese al accesible costo de las entradas, cada una de ellas debe ser cuidada como una frágil lamina de oro ya que la afluencia de público es mucha y desaparecen como por arte de magia. La mitad de las proyecciones se agotan horas antes de comenzar. Aquellos que estamos mejor prevenidos podemos valernos de nuestra experiencia para asegurar ese asiento que nos cobijará durante la proyección.  Hecha la aclaración, ya con mi entrada en mano y como indica el rito comencé a hacer la fila para la proyección. Dentro de la sala me enfrentaba a uno de los grandes dilemas del espectador: elegir el lugar ideal. Soy de los que creen que cada película merece ser vista desde un lugar diferente, pero ni el más experimentado logra dar con el lugar soñado. El azar suele ser buen consejero en estos casos, excepto si la miopía es una compañera que te sigue desde chico. Privilegiar la lectura de los subtítulos es casi un “must”, ya que mi coreano dista de ser optimo, siquiera principiante. Las luces saben cuando retirarse, pero antes de que la película comience, la voz de la encargada de sala nos comunica: Es posible que el director de la película esté presente durante la proyección.. Creo que en ese momento no entraba en la butaca de la felicidad que me embargaba. Tal como les decía a mis compañeros de Staff, compartir la película estando el director presente, es similar a presenciar un acústico íntimo con su cantante preferido. Es muy satisfactorio saber que el padre de esa criatura animada está entre nosotros, palpando nuestra emociones, disfrutando del feedback que se genera con el público.

Era prospera la satisfacción, pues se trataba de una película que había comentado meses atrás en Xiahpop. Si es cuestión de ser sincero, cada vez que escribo una reseña se que las posibilidades de ver esas películas en nuestro continente es casi remota. En este caso, tuve la fortuna de equivocarme, y frente a mi pasaban esas imágenes que tímidamente comenté sin saber demasiado. Dangerously Excited es una comedia que se mantiene dentro de los márgenes clásicos del género. Un empleado público conformista es el protagonista de la historia. Esclavo satisfecho de su rutina, su vida no tiene muchos bemoles y eso no es obstáculo para que sea feliz. Todo cambia cuando se topa con un grupo de músicos indies, jovencitos irreverentes que necesitan un lugar para ejecutar sus ensayos. Casi contra su voluntad, nuestro gris protagonista, cede su sótano a estos jóvenes y les permite usarlo como sala para expresar su música. Poco a poco, su malestar se va convirtiendo en curiosidad, y la misma se torna en ganas de ir un poco más allá. Contagiado de la energía y el entusiasmo de estos jóvenes, decide sumarse a la banda, desencadenando una serie de eventos que darán el tono de comedia a esta película. No mas detalles por ahora, no me gusta spoilear la trama.

Concluida la función, las medias luces llenaron la sala y frente a nosotros se materializó el director de esta cinta, Koo Ja-Hong. Luego de saludarnos en un prolijo español y contarnos un poco sobre su viaje (34 horas dando vueltas por el mundo), comentó un poco como fue la realización de la película y se prestó a las preguntas del público. Fue interesante interiorizarnos sobre el proceso de producción, la filmación, las características de los actores y demás detalles que se esconden detrás de la pantalla. Una anécdota que me parece interesante rescatar está relacionada con la construcción del personaje principal. Koo nos contaba que el empleado público es considerado en Corea del Sur como uno de los empleos más rentables y que dan más estabilidad a aquel que lo ocupa, un lugar que todos quieren. Con ese objetivo, observó durante un tiempo a estos hombres  y mujeres en su hábitat natural: las oficinas públicas. Con el paso de los días logró capturar la esencia de su objetivo y así pudo plasmarlo en Dae-Hee, el protagonista de Dangeorusly Excited.

Domingo; un nuevo día y vuelta de página a la programación. Cambiando completamente el foco, me incliné por Sleepless Night, película de Jang Kun-jae. En esta cinta somos testigos de la vida cotidiana de una pareja que transita los primeros años de matrimonio. Escenas intimas, pequeños gestos de la vida secreta de las parejas, ese pequeño mundo que se gesta alrededor de un vínculo de amor. Imposible no conmoverse con la felicidad de los pequeños gestos, los chistes internos, los códigos, ese lenguaje a veces indescifrable del amor. Sin embargo, las dudas de cualquier pareja joven también hacen gala durante la película. Son algo más de 60 minutos en los que somos invitados a presenciar una ceremonia sutil pero reconfortante, explorando sin saberlo.

El viaje individual de cada persona durante su vida es un relato siempre cambiante, sujeto a pequeños retoques. Nuestras metas son objetivos igualmente maleables: un cambio progresivo de año en año, o un cambio repentino en un mismo día. Nuestros sueños también ocupan un rol protagónico: nos aferramos a ellos a lo largo de nuestra vida, y ellos también están sujetos al cambio. Nuevas experiencias se acumulan y se adaptan a la evolución de nuestra personalidad. Más allá de estos sutiles y sucesivos cambios, hay algo a lo que siempre aspiramos: todos queremos ser felices. Este pequeño fragmento extraído de una reseña de Modern Korean Cinema, refleja perfectamente la esencia de esta película. La charla posterior con el director fue igualmente gratificante, ya que otra vez tuvimos la posibilidad de conocer el making of y todo eso que escapa a la proyección, pero que cumple un papel fundamental a la hora de emprender un proyecto cinematográfico.

Días mas tarde el Festival me depararía otra sorpresa. Bleak Night fue una de mis películas preferidas del año pasado. Tal es así que se convirtió en una de las primeras que reseñé para Xiahpop. Conocer a su director, el joven Sung-Hyun Yoon fue una experiencia muy especial; no solo por mi fascinación por su opera prima, sino porque era la prueba cabal de que si queres algo lo podes conseguir. ¿Qué probabilidad había de que un joven director coreano se hiciera presente en una remota ciudad del otro lado del mundo? ¿Qué posibilidad existía de que tuviera la oportunidad de conocerlo y escuchar en primera persona todo el devenir del proceso creativo? Cada día me convenzo más de que si sos constante en tus deseos, proyectos y metas, los conseguís de alguna manera u otra. En la conferencia que dieron todos los directores invitados para “Postales del Sur”, Sung-Hyun Yoon fue el encargado de develar algunas cuestiones criticas que de la industria cinematográfica coreana, tal como las estrategias que tiene CJ, la productora más grande de Corea en la distribución comercial de determinadas películas.

Imposible es resumir en pocas líneas todo lo que esa conferencia me dejó. En ese ámbito tuve la posibilidad de conocer a otros integrantes de esa selección de jóvenes directores coreanos. Back Seung Kee, director de Super Virgin (su modesta comedia hecha apenas con 5000 dolares) se llevó todas las miradas, ya que su imagen era bastante particular e irrumpía en escena con el carisma propio de aquel que está en esta vida para entretener al público. También estaba presente Lee Kwang Kuk, director y guionista de Romance Joe, una película donde las líneas narrativas se cruzan y acumulan hasta el infinito de intrincadas maneras, con una confianza absoluta en la inteligencia del espectador. Su profesor en la Universidad del Cine de Seul, Jae Soh, fue otro de los invitados al Festival, marco en el que presentó su primera película, Let Me Out. Calificada como “cine dentro del cine”, podríamos considerar a la película de Jae Soh, como un “melodrama zombie”. El intercambio de ideas con estos directores, apelando a la traducción de Alejandro Kim y la enriquecedora moderación de Marcelo Alderete, se convirtió no solo en una excusa para aprender sobre el cine contemporáneo de esa región de Asia sino que también en una oportunidad para conocer otras visiones sobre la realidad de Corea y los objetivos a futuro.

La selección coreana: Hago propias las palabras de los moderadores del Festival: Son jóvenes, atrevidos, y vienen con películas llenas de ideas. La sección Postales del Sur recolecta a las nuevas caras del cine coreano. Kim Ki Duk, Hong Sang Soo, Im Sang Soo, Chan Wook Park, ya son la vieja escuela.  Los coreanos comprenden el momento que su cine está pasando, cómo repercute en otras culturas, y la importancia que tiene reflexionar sobre ello. No es casualidad (ni simple influencia de Hong Sang Soo) que dos de las obras (sacando al documental Tony Rayns) estén protagonizadas por cineastas.

Esta invasión coreana se da en el marco de una fecha muy especial, tal como expresó el embajador de ese país: Este es un año muy especial ya que se cumplen 50 años de las relaciones diplomáticas entre nuestros países y es por eso que con este motivo el Instituto de Cine Coreano y el Festival de cine de Mar del Plata han tenido el placer de organizar este foco especial sobre los nuevos directores coreanos.

Marcelo Alderete, la cara visible detrás de esta sección, expresó algunas pautas para comprender este fenómeno cinematográfico. Si bien se trata de directores nuevos, con estilos muy personales, todas sus películas poseen una factura técnica que sorprende y en general son gente egresada de escuelas de cine. Mi idea era hacer un pantallazo amplio de estilos y géneros. Y como espectador puedo asegurar que sea premisa se cumplió a pie de juntillas, ya que la variedad de expresiones estéticas ha sido privilegiada, dejando de lado el vetusto encasillamiento en géneros que signó el cine del siglo XX.

Estos filmes expresan un cine más narrativo, en la línea de un cine independiente mundial que no niegan su necesidad de narrar o contar historias pero buscando formas personales, donde existen planteos muy profundos sobre qué es una narración, cómo cuento, por qué cuento y hasta por qué narrar. Esa es la energía que inundó las pantallas locales y que Alderete sintetizó de notable manera. Finalmente, el programador (quien fue invitado a la ultima edición del Festival de Cine Fantástico de Puchon) destacó que esta es la primera vez que se hace en Mar del Plata una movida tan grande dedicada a un país asiático con tanta presencia de películas y directores. La idea es que se conozcan estos filmes y sus directores, porque en el futuro seguramente tendrán mucha relevancia.

Queda mucho por contar, pero no quiero extenderme más alla, pues prefiero estimular su curiosidad antes que desafiar a su aburrimiento. Madre insiste: Vas a quedar con los ojos rasgados de tanto ver eso. Y sí, es una posibilidad. Una nueva manera de ver las cosas, una perspectiva diferente, un foco desde del cual experimentar. En pocos días aprendí más de lo que hubiera imaginado. Espero que de aquí en adelante pueda transmitir todo eso en cada una de mis entradas y reseñas. Concluye una nueva edición de otro Festival, los créditos ya ocupan la gran pantalla y mientras busco la salida de la sala, sonrío sabiendo que el año que viene el rencuentro será todavía mejor.

Via: Diario del Festival




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